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5/5/2009 Tijuana, México. (ConCienciaNews) -- Por más de 20 años, una empresa maquiladora de Estados Unidos en Tijuana, dejó toneladas de desperdicios tóxicos en un barrio de esta ciudad. El trabajo, la lucha y la persistencia de un grupo de habitantes dieron frutos: el gobierno mexicano removió algunas toneladas, y enterró otras, mientras que el gobierno estadounidense donó dinero para limpiar el área. No fue fácil según Lourdes Luján, residente de la colonia La Esperanza, en Tijuana. Durante más de 20 años una empresa maquiladora que trabajaba en la producción de baterías --aunque les dio trabajo a muchos de los habitantes del área-- les dejó toneladas de desperdicios tóxicos que afectaban y ponían en peligro la vida de sus residentes. La empresa New Frontier Trading Corporation, propietaria de Metales y Derivados, recicló por años las baterías. En 1994, el gobierno mexicano la clausuró. Después de años de operación, la maquila de Tijuana dejó alrededor de 7,000 toneladas métrias de escoria de plomo. Nunca se limpió el lugar y el material tóxico permanecía cerca de las casas de trabajadores de otras maquilas y cerca de la ruta a la escuela de los niños. “Dentro del tratado (TLC) hay una parte que todo lo que es usado aquí en México que viene de otra parte o de Estados Unidos [que] debería ser regresado a su país de origen. No debe quedarse aquí”, dije Luján, del Colectivo Chilpancingo Pro Justicia Ambiental, activista de la comunidad. Después de hacer encuestas y reuniones, Luján organizó a la comunidad para buscar apoyo y exigir a los gobiernos de ambos países que removieran los escombros tóxicos. En 1998, grupos comunitarios, activistas del barrio, La Coalición de Salud Ambiental (EHC) y el Colectivo Chilpancingo Pro Justicia Ambiental presentaron una petición ciudadana a la Comisión de Cooperación Ambiental (CCA), del TLC para buscar soluciones. Después de manifestaciones, cabildear y enviar cartas a los gobiernos, los manifestantes encontraron una luz y posibles soluciones, pero no fue hasta el 2004 que se firmó un convenio con el gobierno mexicano que se comprometió a realizar una limpieza del lugar. En enero del 2009, se inauguró la nueva aplanada de cementos, y aunque debajo continúan algunos desechos tóxicos, el cemento hace que el lugar sea seguro, ya que están comprimidos por bloques que no permiten que salga algún material dañino. Durante el proceso de limpieza se removieron aproximadamente 1,900 toneladas métrias de desecho tóxico y las demás fueron enterradas con las placas de cemento. “Esperamos que esto que hicimos sea un ejemplo para otras comunidades y lugares” dijo Luján. “Que sepan que sí se puede y que es posible buscar soluciones, aunque sea un trabajo por años”. “Para mí, esto ha significado un cambio enorme en mi vida, la palabra quizás sea empoderamiento, para mostrar que podemos hacer un cambio en la comunidad que queremos, eso me ha dado esperanza”, dijo Luján. Para Aníbal Méndez, director del grupo de jóvenes del Colectivo Chilpancingo Pro Justicia Ambiental, es importante que las nuevas generaciones luchen para preservar el medio ambiente y más en una ciudad donde hay cientos de maquilas. Por eso monitorean constantemente la calidad de aire de las colonias debido a los tóxicos que desprenden las maquilas. “Esto que se logró con Metales y Derivados es una lección, también es un impulso, un ejemplo a seguir. Hay muchos más tiraderos tóxicos que se tienen que limpiar”, dijo Méndez. “Antes de esto no había una legislación y es lo que se está tratando de impulsar”. Méndez y Lujan aseguran que comunidades de otros países o ciudades que están sufriendo de problemas ambientales deben unirse para buscar soluciones y acuerdos con los gobiernos.
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